El conjunto monumental de Santa Clara, la más importante de las manifestaciones artísticas briviescanas, está compuesto por la iglesia, la casa solariega, el hospital y el convento de monjas de Santa Clara y son obra de la familia de los Velasco y Mendoza. La inscripción fundacional de la iglesia rezaba así: “Esta Iglesia, Monasterio y Hospital fueron fundados y dotados por la Muy Magnífica Señora Doña Mencía de Velasco que vivió, y murió sin casarse en el Convento de Monjas de Santa Clara de Medina de Pomar, en 23 de diciembre de 1523, hija del muy ilustre Don Pedro Fernández de Velasco, Condestable de Castilla, y Doña Mencía de Mendoza, Condesa de Haro....”
1) La Iglesia conventual: al año siguiente de la muerte de su fundadora, ocurrida en 1523, Juan Gil de Hontañón inicia la construcción de esta monumental iglesia en planta de cruz latina (37 x 22 metros), de brazos muy cortos. Las columnas, casi exentas, miden 13 metros. El coro, muy espacioso, se levanta sobre un arco escarzano muy rebajado, lo que subraya la elevación y luminosidad del restante espacio muy especialmente la bóveda estrellada octogonal cuyo modelo acabado es la bóveda de la Capilla de los Condestables de la Catedral de Burgos.e . El resto del templo posee unos muros de línea recia y sencilla. Monumentales son también los escudos de los Velasco y Mendoza, que recorren reiteradamente el sagrado recinto.
En cuanto al coro: se encuentra bajo una bóveda de inconfundible pauta gótica donde se levanta una sillería con sesenta y dos asientos de sobria traza. En los extremos de esta sillería, y en sendos doseles, de nuevo los escudos de los Velasco y Mendoza, esta vez labrados en madera. Es de destacar en los asientos, a manera de brazos, unas caras alternadas con florales corolas. El órgano, sito enfrente de la puerta de acceso al coro, es barroco. Sin embargo sus maderas, finamente talladas, concuerdan admirablemente con su delicado sonido.
El retablo: iniciado por Diego Guillén en 1551, pero obra sobre todo de Pedro López de Gámiz, que trabajó en él desde 1560 hasta su conclusión en 1571, es representativo de la escultura española de la segunda mitad del XVI. La unidad del retablo revela que la traza y la dirección estuvieron en una única mano, lo que no significa que no colaboraran en él escultores tan importantes como Juan de Anchieta. La aportación del iniciador del mismo, Diego Guillén, consiste fundamentalmente en el esculpido del basamento de piedra de las figuras de Santa Casilda y de San Francisco y otros relieves semiocultos detrás de la mesa del altar mayor. Sin embargo, el verdadero responsable del retablo, de traza muy original como por ejemplo el tema central del árbol de Jesé, es López de Gamiz: nacido en el pueblo burgalés de Barbadillo del Pez en torno a 1528, su vida transcurrió mayormente en Miranda de Ebro, donde instaló un taller, siendo obra suya también el retablo de Santa Casilda en la Iglesia de Santa María.
El retablo de Santa Clara, realizado en madera de nogal sin dorar, destaca por su fuerza plástica y perfección formal. Si el sentido último de todo retablo como creación religiosa es visualizar un mensaje de fe, el de Santa Clara lo hace atendiendo especialmente a las recomendaciones iconográficas del Concilio de Trento, en cuyas sesiones destacó el agustino briviescano Fray Juan de Briviesca, obispo de Segorbe. Entre éstas figuraban las de relacionar el Antiguo y el Nuevo Testamento y la de subrayar el papel de María, negado por los protestantes. La exaltación de la Virgen se realiza organizando en torno a la figura de María las diversas escenas bíblicas de ambos Testamentos. En la base de la calle central, sobre el sagrario, arranca el denominado árbol de Jesé como compendio de la genealogía de Cristo siendo éste un tema iconográfico frecuente en la Edad Media que hace su aparición en el siglo XI y figura más tarde en vidrieras góticas o portadas catedralicias. Los cuerpos de la calle central los ocupan, en el segundo, María con el Niño en el regazo, el tercero la Asunción y el cuarto la Coronación de la Virgen. En las calles laterales mientras que las escenas situadas a uno y otro lado del sagrario dicen relación con la institución de la Eucaristía y las situadas al lado del Arbol de Jesé con Abraham e Isaac, las de los cuerpos restantes tienen implicación mariana: Anunciación, Adoración de los pastores, Dormición de María, Pentecostés, Abrazo de María e Isabel y Abrazo de Joaquín y Santa Ana. Figuras de profetas, apóstoles y evangelistas, Santa Clara y San Francisco y otros santos completan este bello retablo que culmina con la crucifixión de Jesús.
La iglesia fue declarada monumento histórico-artístico nacional en 1931.
2) El Convento de Santa Clara:
situado en la C/Duque de Frías y fundado por doña Mencía de Velasco,
debía servir para dar refugio a la comunidad de monjas clarisas
constituida desde 1459 gracias a una bula de Pio II y ubicada hasta
entonces extramuros de la villa, cerca de la desaparecida Iglesia de
Nuestra Señora de Allende (junto a la orilla izquierda del río Oca en
dirección sur). Del año 1512 data la colocación de la primera piedra en
un terreno que la propia doña Mencía había comprado en la vega de
Valdeprado un año antes. La erección del convento no fue, sin embargo,
una obra rápida y exenta de complicaciones, sino todo lo contrario. En
1523, al dictar un codicilo a su testamento de 1517, doña Mencía señala
que el Monasterio todavía está en fase de construcción; será en 1546
cuando se establezca el acuerdo entre la abadesa y monasterio de Santa
Clara con el Condestable don Pedro (IV) Fernández de Velasco para la
entrega de la fábrica nueva del monasterio y la aceptación del
testamento y legado de vestidos de doña Mencía. La confirmación papal
se retrasará hasta 1533.
La fábrica del convento se estructura a base de muros perpendiculares de sillería formando dos claustros: el primero presenta en planta baja una porticada de estilo ojival y otra en planta superior de estilo renacentista; el segundo claustro, que se adosa a la fábrica del primero, es más sencillo, con porticada a base de columnas de menor sección que el anterior en planta baja, muros entramados en su planta primera y una galería en su entrecubierta. Destaca un torreón en el que se aloja la escalera de caracol que sube a la entrecubierta de la bóveda principal.
Situación:
Calle Duque de Frías, esquina calle Santa Clara.