En la Plaza Mayor conviene detenernos en la Iglesia de San Martín, con fachada plateresca del siglo XVI, en avanzado estado de deterioro, debido, sobre todo a la elección de piedra caliza poco resistente a las inclemencias del tiempo. En el interior llama la atención su amplia nave central con un retablo del Barroco, concluido en 1705, presidido por la figura de San Martín, el Obispo de Tours que vivió en el siglo VI.
Origen:
Resulta difícil situar el momento de fundación de esta iglesia. Algún autor la ha relacionado con una pequeña ermita fundada por el propio San Martín de Tours, advocación principal del templo, en su viaje de peregrinación a Compostela, coincidiendo con los momentos iniciales en los que la ruta jacobea se aprovecha de los viejos itinerarios romanos antes de ser desviada directamente hacia Burgos en el siglo XI.
Con la fundación de la nueva villa en la orilla izquierda del Oca por doña Blanca de Portugal a principios del siglo XIV, la Iglesia de San Martín figurará como una de sus tres parroquias, circunscrita al ámbito interior de la cerca que la dueña de la villa manda construir (en el año 1314 estaba ya muy avanzada) y con jurisdicción eclesiástica sobre la mitad norte del poblamiento. El papel que se le asigna en este momento, puede estar en relación directa con las obras que se acometen en el templo a los largo del siglo XIV, ya que consta la licencia pedida por el Cabildo para la venta de diferentes bienes con el fin de concluir la obra de la iglesia.
Descripción:

La Iglesia es de factura gótica pero con portada plateresca y se encuentra situada en el límite septentrional de la Plaza Mayor. Consta de triple nave de tres tramos, la central más ancha y alta que las laterales, rematadas con cabeceras individualizadas de frente recto, destacando la Capilla Mayor por su mayor profundidad y altura; de la primitiva fábrica no queda más que una bóveda de crucería que va desde el presbiterio a la sacristía, el resto es del siglo XVI en su primera mitad o del XVIII como la nave central. A los pies del templo se dispone un coro alto. La cubrición, de crucería en las laterales, se apea sobre anchos pilares cilíndricos.
Rematando la nave lateral izquierda ó del Evangelio se dispone la
denominada Capilla de las Viejas, cerrada por un arco gótico apoyado en
robustos pilares con capiteles corridos; sobre la verja, el escudo de
armas de Don Pedro Ruiz de Briviesca, fundador del Hospital que da
nombre a la Capilla en el año 1513. El arcosolio central del mediodía
ha sido perforado para su habilitación como puerta de comunicación con
la Capilla Mayor;
En la misma nave, en la Capilla del Carmen hay
un Cristo de interés del siglo XVI, otra Capilla, la de los Salazar es
del siglo XVII.
A la nave de la Epístola se abre también su correspondiente Capilla, que exhibe su pared derecha abierta por tres arcosolios de medio punto con grumos y pináculos.
Al templo se puede acceder por dos partes: una centrada sobre el cierre occidental, en sencillo arco de medio punto y otra que se abre al tramo medio de la nave de la Epístola.
El templo dispuso de una torre para el cuerpo de campanas, hoy desaparecida y posiblemente ubicada en relación con el último tramo de la nave lateral del mediodía, arrancando su alzado directamente desde el suelo y con una fábrica exenta de la del templo; a mediados del XIX ocurre el derribo de la deteriorada torre y se sustituye por la actual. En su calidad de templo parroquial, se encuentra asociado a una necrópolis extendida por su superficie interior, práctica ésta muy generalizada entre las iglesias bajomedievales; se documentan a este respecto dos tipos de enterramientos diferenciados: unos considerados de honor dentro del templo (en cuanto a su situación y dimensiones) y otros para los feligreses del común (bajo el suelo de las naves y también con una marcada jerarquía). El marco temporal del uso sepulcral del interior del templo abarca desde la Baja Edad Media hasta el siglo XIX, ya que en 1821 se bendice el cementerio común para todas las parroquias de la villa, ubicado en la zona extramuros.
Ya se ha mencionado la portada de estilo plateresco, formada por un friso amplio con las imágenes de Nuestra Señora, San Martín y San Juan Bautista entre diversa decoración. En las enjutas, bajo una faja de querubines y entre lazos aparecen dos medallones platerescos a su vez enmarcados por pilastras que se continúan hasta el suelo; las figuras humanas de las pilastras eran los cuatro evangelistas, hoy muy desdibujadas; este año ha tenido lugar una actuación importante sobre esta fachada con su restauración por la empresa Artemón.
El
retablo mayor, concluido en 1703 (según consta en inscripción), es una
bella muestra de los esplendores de un barroco florido en que los
triglifos aparecen recubiertos de follaje y la decoración floral oculta
las columnas.
La obra fue pagada con los ducados que mandara Don José de la Torre, caballero de Calatrava en el reino de Perú y patrono de la capilla del Santo Cristo; también ayudó Don José de la Bestia y Linaje, tesorero de la Casa de Contratación de Sevilla. Todo el retablo quiere emular a los más perfectos de cualquier obra anterior. Tiene tres calles: la central con las imágenes de San Martín, el Patrono del templo; Nuestra Señora y San Miguel.
Nuestra Señora y San Martín se encuentran en sendos tronos en posición sedente y con doseles; la hornacina de la Señora y la de San Miguel están flanqueadas por paños dorados en ricos motivos florales. Las calles laterales entre columnas con los tambores terciados, arrancan desde un banco con dos escenas simétricas una a cada lado del Sagrario: el banquete de Epulón y Santa Bárbara. Sobre éstos, dos estatuas talladas de San Juan Bautista y San José. Este retablo cubre totalmente el ábside del templo, siendo sus autores Don Antonio Cortés, maestro de arquitectura quien la proyectó y Don Manuel de Agreda Ilardui, escultor con taller en Burgos.
Alta Mayor de San Martin
El retablo mayor, concluido en 1703 (según consta en inscripción), es una bella muestra de los esplendores de un barroco florido en que los triglifos aparecen recubiertos de follaje y la decoración floral oculta las columnas.
La obra fue pagada con los ducados que mandara Don José de la Torre, caballero de Calatrava en el reino de Perú y patrono de la capilla del Santo Cristo; también ayudó Don José de la Bestia y Linaje, tesorero de la Casa de Contratación de Sevilla. Todo el retablo quiere emular a los más perfectos de cualquier obra anterior.
Tiene tres calles: la central con las imágenes de San Martín, el Patrono del templo; Nuestra Señora y San Miguel. Nuestra Señora y San Martín se encuentran en sendos tronos en posición sedente y con doseles; la hornacina de la Señora y la de San Miguel están flanqueadas por paños dorados en ricos motivos florales. Las calles laterales entre columnas con los tambores terciados, arrancan desde un banco con dos escenas simétricas una a cada lado del Sagrario: el banquete de Epulón y Santa Bárbara. Sobre éstos, dos estatuas talladas de San Juan Bautista y San José. Este retablo cubre totalmente el ábside del templo, siendo sus autores Don Antonio Cortés, maestro de arquitectura quien la proyectó y Don Manuel de Agreda Ilardui, escultor con taller en Burgos.